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FSA - PSOE
A finales del siglo XIX, un grupo
de profesores de la Universidad de Oviedo unidos bajo la sólida
convicción de llevar a cabo la re
novación
social, cultural y política de nuestra región creyeron necesaria una
radical reforma de los métodos de enseñanza al uso en la universidad
asturiana. El proyecto de reforma metodológica, influenciado por la
experiencia en otros países europeos, culminó en 1900 con la seria
propuesta de eliminar los exámenes y sustituirlos por trabajos
continuos, reducir el número de alumnos por aula a menos de veinte y
fomentar la formación práctica y el debate en clase devolviendo a la
universidad su carácter primigenio de unión de docentes y alumnos. ¿A
qué os suenan estas reformas? En efecto, al famoso Proceso de Bolonia o
Espacio Europeo de Educación Superior.
Este grupo de profesores, que contaba en sus filas con, entre otros, el
profesor Leopoldo Alas Clarín, pasó a denominarse con el tiempo El Grupo
de Oviedo y su legado ha sido internacionalmente reconocido. Ciento ocho
años más tarde, si Clarín pudiese dar un último paseo por su Vetusta, se
sorprendería al comprobar que la reforma que ellos soñaron hace más de
cien años para nuestra Universidad aún no se ha puesto en marcha.
El llamado Proceso de Bolonia supone una enorme oportunidad para la
Universidad asturiana que no podemos desaprovechar. Ante las reservas
que nos puedan surgir en torno a la reforma, los universitarios debemos
asumir el papel que nos corresponde como sujeto activo, copilotando la
reforma desde dentro para conseguir llevar a buen puerto el cambio que
nuestra universidad necesita, muy al contrario de negarnos de plano a
cualquier progreso. Exijamos que se ponga en marcha el Proceso de
Bolonia para que por fin podamos movernos libremente por Europa con el
título universitario de nuestra universidad de origen sin restricciones,
reclamemos una renovación metodológica para que nuestra voz se escuche
en las aulas superando las viejas clases magistrales, reivindiquemos que
nuestra titulación nos abra las puertas al mercado laboral europeo en
una posición digna, impulsemos la política de becas, y en definitiva,
asegurémonos que la universidad Pública sea la de mejor calidad.
Esta tarea que tenemos por delante, la de renovar nuestra universidad
para adaptarla a los nuevos tiempos, conlleva una gran responsabilidad.
Si el proceso de Bolonia se viese paralizado por el miedo podríamos
correr el riesgo de que los centros privados comenzasen a ofrecer una
mejor formación, creándose inaceptables desigualdades entre los
estudiantes en razón de su nivel económico u origen social. En ese
sentido, el Espacio Europeo de Educación Superior no es una opción, sino
una necesidad. Llevemos a cabo una reforma efectiva de la universidad y
asegurémonos de que la Universidad de Oviedo actúe de polo dinamizador
de una Asturias que mira sin complejos al resto de Europa. Hagamos lo
que al Grupo de Oviedo no le permitieron y abrámosle a nuestra
Universidad, orgullosa de ser Pública, las puertas del siglo XXI.
Pablo Sánchez Iglesias.