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FSA - PSOE
Por fin ha tenido lugar tan esperado debate. En un modelo televisivo pionero en el mundo, el candidato socialista Jose Luis Rodríguez Zapatero ha desgranado los puntos más importantes de su programa haciendo un balance de lo ya recorrido a lo largo de esta legislatura, que calificó como necesaria y complementaria de la actual. Así, la ejecución total de la ley de dependencia o el desarrollo de los derechos civiles y sociales son ejemplos notorios de cómo cuatro años supondrán la consolidación de una política asentada en la igualdad y la justicia social.

Por otra parte, el candidato socialista ha tenido también la
oportunidad de hablar de la oposición, sus formas y su ausencia de
contenido. En este sentido, Zapatero ha demostrado con datos y
cifras, como la credibilidad y solvencia del líder popular se ve en
entredicho. Rajoy, que ha mantenido un debate circunscrito a la
inmigración y el terrorismo, obvió cuestiones como la política
exterior o las propuestas en materia de educación y sanidad. Unas
posiciones vacías que hacen resquebrajarse a la capacidad de la
oposición conservadora para encabezar un proyecto de gobierno.
La actitud del candidato Rajoy se ha mantenido en la crispación y la
confrontación. Desde incomprensibles posturas frente a políticas en
su día defendidas con ahínco por su partido, a las infames
descalificaciones ya oídas durante esta legislatura. Desde luego,
acusar al Presidente del Gobierno de agredir a las víctimas no
parece constituirse en la mejor de las opciones para hacerse pasar
por una oposición constructiva que beneficia la salud democrática de
la ciudadanía. Al final Zapatero optó por continuar con su tónica
habitual: frente a las provocaciones, propuestas y argumentos.
Como particularidad, señalar el cambio de política hacia el
populismo más demagogo que está llevando al Partido Popular hacia
una pretendida pero fallida identificación con el trabajador. Años
de subida de impuestos indirectos, decretazo que facilitan el
despido como forma de solucionar crisis económicas y ausencia de
políticas de vivienda, incluso el desconocimiento de lo que es un
bonobús, llevan a pensar que de trabajador y obrero, el Partido
Popular, tiene poco.
Un debate, en fin, que no ha aportado nada desconocido: un programa
acreditado cuyos pilares son por todos conocidos, y una ausencia de
oposición constructiva. Las encuestas, desde luego, han sentenciado
que el ciudadano es consciente del buen rumbo que el país está
llevando, del buen hacer de un partido que sí que ha defendido,
desde su nacimiento hace más de un siglo, a quienes necesitan de la
solidaridad y el amparo de los poderes públicos que emanan del
Estado social, demócrata y de derecho.