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Mariano K.O.

Mariano estaba acojonado -acongojado, disculpen-. El compulsivo movimiento de sus piernas, que se trasmitía como un engranaje a una chaqueta -la suya- que no paraba de temblar, evidenciaba los nervios de un candidato que cada día tiene menos opciones de acceder a la Presidencia del Gobierno. La sonrisa de Esperanza Aguirre ya vaticinaba que lo único bueno que había salido del debate, era la cercanía de la sucesión de un líder que huele a muerto. Dicen las malas lenguas, y tal vez nosotros, que la necrofagia llegará al PP el día diez de marzo, quién sabe, tal vez el once.

El debate estuvo marcado por un Zapatero centrado en las propuestas de su programa, y mucho más rotundo que en la pasada cita ante los continuos ataques de su rival político, que asumió el rol de un vehemente fiscal sin pruebas, pero con ansias de sangre. Acusar de mentir al Presidente del Gobierno sobre la ocupación de Irak y el consecuente 11M fue tan sólo la cúspide de una sarta de dolosas falsedades que evidenciaron la poca credibilidad y la ignominia de un personaje capaz de utilizar a las víctimas como un ariete para asaltar La Moncloa.

Vuelve la derecha a decir que el terrorismo colocó a Zapatero al frente de la Presidencia del Gobierno de la nación, vuelve a decirlo sin meditar, ejerciendo la paternalista actitud de quien llama borregos a los ciudadanos por haber votado en las pasadas elecciones a alguien que no es él. No se dan cuenta, y debemos de recordárselo una vez más, de que lo que les ha llevado a la oposición son las mentiras y traiciones al pueblo español, sus infamias electoralistas para ganar las elecciones. Si el PP no hubiera mentido a España, tal vez ahora los resultados fueran otros, sí. El meollo de la cuestión es que pese a tener la oportunidad eligieron el camino de la mentira como forma de ganar a toda costa, una acción premeditada de la que no pueden buscar culpables más allá de su partido una vez la burbuja les ha explotado en todos los morros.

Pero frente a los ataques sin sentido, la ideas y propuestas de todo un partido volcado en la redacción de un programa que no sólo es positivo para el progreso de España, sino que tiene ambiciones para llegar a definir un nuevo concepto de Estado, de lo público, como garante del bienestar de los ciudadanos. Más y mejor educación, alta velocidad para todos, infraestructuras como elemento vertebrador de una España igual en todas sus partes o inmigración regulada e integrada, puntos fuertes de un programa socialista que choca en su raíz con el argumentarlo liberal-conservador de un partido agotado en ideas y en personas.

Las Juventudes Socialistas, como no podía ser de otra forma, han liderado y lideran el apoyo a la candidatura socialista para las próximas elecciones; entendemos que Zapatero debe continuar siendo el abanderado de un programa completo que llega a todo el mundo por igual, y por ello hemos trabajado y trabajaremos a lo largo de toda esta campaña para que la gente renueve su confianza en la política de lo público y eficiente, de lo social y universal. España debe seguir progresando y, hoy por hoy, eso sólo es posible con el PSOE.